domingo 08.12.2019
SERIE CANTABRISMO [BLOQUE 02 | ARTÍCULO 05]

“Como si la eterna y siempre joven Cantabria nos convocara a despertar”

El OUAC, el primer Día Infantil de Cantabria y las dos primeras manifestaciones por la autonomía.

Artículo sobre la manifestación por la autonomía de Cantabria celebrada el 27 de agosto de 1977 en Santander, publicado al día siguiente en el diario ‘La Gaceta del Norte’
Artículo sobre la manifestación por la autonomía de Cantabria celebrada el 27 de agosto de 1977 en Santander, publicado al día siguiente en el diario ‘La Gaceta del Norte’

En España, Adolfo Suárez, presidente del Gobierno desde el 5 de julio de 1976, revalida su cargo tras ganar, al frente de la UCD, las elecciones generales del 15 de junio de 1977, punto de partida para el proceso constituyente y la descentralización política del Estado español. En Cantabria, el objetivo de dotar al territorio de un Estatuto de Autonomía, hecho público por ADIC el 26 de junio en Torrelavega, “va a ser asumido por diferentes colectivos sociales, culturales, sindicales y políticos” y el 10 de agosto se presenta públicamente en Santander el OUAC (Organismo Unitario para la Autonomía de Cantabria), explica el historiador Manuel Alegría. “Al estar planteada frente a las élites económicas y políticas directamente herederas del régimen franquista, la defensa del derecho a la autonomía actúo en aquellas fechas como una demanda democrática sobre la que se inscribieron otras de muy diversos ámbitos –como la defensa de los derechos sociales, de las libertades civiles y políticas o del territorio–, lo que le permitió actuar como reivindicación con capacidad para aglutinar a las diferentes tendencias progresistas existentes en Cantabria”, añade el politólogo Marcos Martínez Romano.

El 14 de agosto, el OUAC reclama públicamente la autonomía para Cantabria desde el balcón del Ayuntamiento de Cabezón de la Sal

El 14 de agosto –Día de La Montaña–, el OUAC –integrado por ADIC, CU, CRC, CSUT (Confederación de Sindicatos Unitarios de Trabajadores), CCOO, UGT, ADM (Asociación Democrática de la Mujer), PSOE, PSOE-h (PSOE histórico), PSP (Partido Socialista Popular), PCE, ID, PTE, ORT, Partido Carlista y hasta por FPD (Federación Popular Democrática), FE-i (Falange Española independiente) y FE-a (Falange Española auténtica), pero no por la UCD ni por AP– reclama públicamente la autonomía para Cantabria desde el balcón del Ayuntamiento de Cabezón de la Sal. A pesar de esa ausencia en el OUAC de una UCD dividida, el manifiesto de la Junta de Parlamentarios de Cantabria es leído por uno de los tres diputados cántabros del partido: Justo de las Cuevas, que agradece “por igual los aplausos y los silbidos”, denuncia el “centralismo que nos ha situado en este lugar de marginación en que nos encontramos” y asegura que los problemas de Cantabria “exigen una amplia autonomía a la que en ningún caso podemos renunciar”.

El 27 de agosto, Santander acoge la primera y gran manifestación por la autonomía de Cantabria, convocada por el OUAC y que pasará a la historia por dos cosas: una, porque es la manifestación más numerosa de la historia de Cantabria hasta entonces, al reunir bajo la lluvia a entre 15.000 y 20.000 personas –entre ellas, Jaime Blanco, del PSOE; Benito Huerta, de ID; Martín Silván, del PCE; Isabel Tejerina, del PTE; Manuel Gómez Morante, de la ORT; José López Coterillo, de CCOO; José Luis Cos, de la UGT… e incluso Juan Hormaechea, que había sido designado concejal del Ayuntamiento de Santander por el tercio familiar en 1973 y alcalde tras las generales de 1977–, y otra, porque al final de la misma se producen diversos incidentes de consideración; el principal, una agresión policial a Jaime Blanco, entonces diputado del PSOE en el Congreso y futuro presidente de la Comunidad Autónoma de Cantabria, cargo que acabará ocupando desde diciembre de 1990, precisamente tras la moción de censura contra Hormaechea, hasta julio de 1991.

Yo soy el vicesecretario general del PSOE y tú eres un diputado del partido, así que o vienes a la manifestación con nosotros ahora mismo o te abro un expediente de expulsión

“Mi padre y otros compañeros del PSOE estaban tomando un café junto a la sede del partido –entonces en la calle Burgos de Santander– y cuando llegó el momento de prepararse para ir a la manifestación, Jaime Blanco dijo que él no quería ir y se negó rotundamente a hacerlo”, recuerda Vicente Martínez Ibio, hijo de Pedro Martínez García, entonces vicesecretario general del PSOE en la todavía provincia y miembro del Comité Federal del PSOE. “¿Cómo que no quieres ir? Es que yo no estoy de acuerdo con todo eso de la autonomía y paso de todo eso. ¿Pero cómo nos dices a estas alturas que no quieres ir, Jaime?”, recuerda Ibio la conversación que, como el propio Alegría, escuchó contar “varias veces” a Martínez García, “carnet número dos del PSOE de Cantabria y uno de los refundadores del partido en Cantabria”. “Mi padre era un hombre de buen carácter y trató de convencerlo, pero Blanco insistía, lo que le hizo tener que ponerse serio y decirle mira, Jaime: la manifestación la convoca el Organismo Unitario, dentro del cual está el PSOE; yo soy el vicesecretario general y tú eres un diputado del partido, así que o vienes a la manifestación con nosotros ahora mismo o te abro un expediente de expulsión y te vas del partido, tú verás”, continúa Ibio, que recuerda que a su padre “le costaba mucho enfadarse” y según contaba “le dolió tener que ponerse así” aquel día, pero “tuvo que hacerlo”. Así las cosas y aunque “a regañadientes” porque “no tenía el más mínimo sentimiento, intención ni impulso autonomista”, Blanco acudió a la manifestación “y mira por dónde recibió un porrazo de un policía y al final quedó como un ídolo de la lucha por la autonomía”. “Mi padre siempre decía que quien recibió una agresión realmente contundente no fue Jaime Blanco sino otro compañero del PSOE; Blanco protestó y el policía, que no debía de saber quién era, le atizó también a él, aunque con menor intensidad, y se armó el lío, porque como era diputado en el Congreso, el hecho tuvo mucha repercusión”.

Antes –durante la marcha–, un viandante saluda brazo en alto a los manifestantes, que sin dejar de avanzar le responden con gritos de “vosotros, fascistas, sois los terroristas”. La UCD y AP son los grandes ausentes, pero aunque AP sigue siendo firme partidaria de la integración de la Provincia de Santander en Castilla y León, la dinámica popular de aquel mes de agosto lleva a aquella UCD dividida a inclinarse por la postura defendida por el sector oficialista y apostar por la autonomía para Cantabria, aunque sin cerrar del todo la puerta a su integración en Castilla y León, postura defendida por el sector crítico.

“La elección de la blanquirroja en lugar del lábaru ya anunció los límites del compromiso con el autogobierno y, sobre todo, de la asunción de la identidad cántabra”

También hay divergencias en el seno del OUAC, que a finales de este año 1977 se disolverá, después de que ADIC lo abandone por considerarlo agotado. Pero antes de disolverse, el OUAC elige la que acabará siendo la bandera oficial de la futura Cantabria autónoma, y la elige de entre una terna formada por la bandera de ADIC –compuesta por tres franjas verticales de igual tamaño: verde la de la izquierda, gris la del centro y azul la de la derecha–, el lábaru y la blanquirroja. La de ADIC pronto es desechada precisamente por estar vinculada a la asociación y el lábaru acaba siendo también desechado por estar vinculado a la Cantabria que resistió frente al Imperio romano pero también, y sobre todo, a los sectores más autonomistas y defensores de la identidad de Cantabria, por lo que la asumida primero por la clase dominante y después por la mayoría de la población es la blanquirroja, que había sido diseñada en el siglo XIX como bandera marítima de Santander e incorporada en los años treinta del siglo XX a la heráldica oficial de la Diputación y que en los ochenta será incorporada al Estatuto de Autonomía –“la bandera propia de Cantabria es la formada por dos franjas horizontales de igual anchura, blanca la superior y roja la inferior”– como bandera oficial de la comunidad autónoma. “La elección de la blanquirroja en lugar del lábaru como bandera oficial de Cantabria ya anunció los límites del compromiso con el autogobierno y, sobre todo, de la asunción de la identidad cántabra de buena parte de los sectores dirigentes de los partidos que conformaron el Organismo Unitario por la Autonomía de Cantabria”, apunta Martínez Romano.

En septiembre de 1977 se restablece provisionalmente la Generalitat catalana y de enero a octubre de 1978 se van articulando las preautonomías. En febrero de 1978 la Junta de Parlamentarios de Castilla y León aprueba el borrador de proyecto preautonómico para Castilla y León e invita a la Junta de Parlamentarios de Cantabria a integrar la Provincia de Santander en el futuro Consejo General de Castilla y León, pero en marzo la mayoría de la Junta declina la invitación y empieza a trabajar en un borrador de proyecto preautonómico para Cantabria. En abril, la Junta se reúne con el ministro para las Regiones, Manuel Clavero Arévalo, y le plantea la posibilidad de que Cantabria celebre un referéndum para decidir sobre su integración o no en Castilla y León, pero el ministro rechaza el referéndum y la autonomía de Cantabria. En mayo, la Junta aprueba el borrador de proyecto preautonómico para Cantabria –aunque, y éste es el motivo por el que el senador de ID Benito Huerta se niega a firmarlo, no excluye la posibilidad de que Cantabria se asocie a entes vecinos– y reclama, formalmente ya, al Gobierno la preautonomía, pero por parte del Gobierno no habrá más respuesta que, en junio, la publicación en el BOE del decreto de preautonomía de Castilla y León, que integra –sin consultarla– a la Provincia de Santander en el Consejo General de Castilla y León. No obstante, ADIC envía al ministro Clavero Arévalo 30.000 cartas y 50.000 firmas reclamando la preautonomía para Cantabria

“Este año de 1978 trae consigo varias cosas”, explica Alegría.

“La aparición del manifiesto fundacional de ACECA fue el intento postrero de la vía castellana pergeñada por ciertos sectores del tradicionalismo desde finales del siglo XIX”

Una, “el intento de los sectores castellanistas de frenar la aspiración autonómica de Cantabria con la aparición el 20 de agosto del manifiesto fundacional de ACECA (Asociación Cantabria En Castilla), intento postrero de la vía castellana pergeñada por ciertos sectores del tradicionalismo desde finales del siglo XIX”. Ese manifiesto fundacional de ACECA –asociación presidida por Francisco Laínz, otro de los tres diputados cántabros de la UCD– aparece firmado fundamentalmente por castellanos residentes en Cantabria y por elementos vinculados a la oligarquía santanderina y/o a la ultraderecha contraria a cualquier tipo de descentralización política del Estado español, pero también por personas ya fallecidas, por niños e incluso por miembros de ADIC, que acabarán denunciando la falsificación de sus firmas.

Dos, “la evolución de ADIC de una asociación en la que cabían incluso sectores procedentes del régimen franquista a un colectivo inserto plenamente en el movimiento democratizador”, tanto que “apartaría de la asociación a representantes de la derecha y el centro políticos cuyos partidos en aquellos momentos dudaron de la viabilidad de la autonomía para Cantabria” y “alentaría movilizaciones populares como la defensa de la viabilidad laboral en Agua de Solares o la lucha contra el proyecto de central nuclear de Santillán”, recuerda Alegría. ADIC protagoniza también los actos e iniciativas de reivindicación de la identidad de Cantabria que continúan celebrándose mientras se desarrolla –con la oposición de los sectores castellanistas– el proceso político por la autonomía. Así, el 3 de abril, la asociación presenta un cartel que había sido finalizado en el invierno de 1977 y con el que el ilustrador cántabro Gustavo Cotera pretende romper el estereotipo de una Cantabria “de plácidas montañas repobladas de vacas holandesas” para representar una Cantabria “indomable que jamás había sido plasmada en la escasa iconografía local”. Por eso plasma a la “hija de las peñas” tañendo una caracola, “como si la eterna y siempre joven Cantabria nos convocara a despertar al ronco son del bígaro”, y a lomos del “oso de nuestros montes”, pues “este animal, y no la sumisa vaca, era el tótem envidiable del País Cántabro”, tanto que el cartel pasará a la historia como El de la osa, pues hembra la ha querido siempre el sentir popular. Por su parte, el 4 de junio el primer Día Infantil de Cantabria, organizado por ADIC y el colegio santanderino Torreblanca, reúne a unas 80.000 personas en la península santanderina de La Magdalena, donde entre otras cosas hay bolos, arrastre de bueyes, traineras y balandros, salto pasiego, exposiciones de ganado vacuno –tudanco, pasiego, frisón y suizo–, lanar y caballar, concursos de siega y ordeño, actuaciones musicales y degustación gastronómica y donde el sindicato UGAM (Unión de Ganaderos y Agricultores Montañeses) distribuye gratuitamente “leche pura de nuestras vacas para todos los niños”. El único de los parlamentarios cántabros presentes aquel día en La Magdalena, Benito Huerta, afirma a la prensa que la jornada ha evidenciado que “el pueblo está por la autonomía de Cantabria” y advierte: “A lo mejor no ganamos la autonomía, pero esta juventud y esta infancia lo tienen ganado a pulso”.

“El cantabrismo político emerge, por primera vez en la historia, en forma de organización política”

Y tres, que “el cantabrismo político emerge, por primera vez en la historia, en forma de organización política”, destaca Alegría. Y es que aunque el mapa de las preautonomías ha integrado a la Provincia de Santander en el Consejo General de Castilla y León, el anteproyecto de Constitución española –que acabará siendo ratificada en referéndum el 6 de diciembre, sancionada por el jefe del Estado, Juan Carlos I, el 27 de diciembre y publicada en el BOE dos días después– deja una puerta abierta para las fuerzas autonomistas: las provincias que no hayan sido declaradas preautonomías podrán iniciar un proceso autonómico cuya iniciativa corresponderá a la Diputación interesada y a “las dos terceras partes de los municipios cuya población represente, al menos, la mayoría del censo electoral” de la provincia, que deberán pronunciarse “en el plazo de seis meses desde el primer acuerdo adoptado al respecto por alguna de las corporaciones locales interesadas”. Cantabria ha perdido el tren de la preautonomía y su autonomía depende de los ayuntamientos, por lo que las fuerzas autonomistas ponen la vista en las municipales fijadas para el 3 de abril de 1979, y el 13 de octubre de 1978 ADIC aprueba crear un partido autonomista para recabar todo el apoyo electoral posible en esas municipales: el futuro PRC. “Si algo ha quedado demostrado históricamente tanto en los años previos a la Guerra Civil como durante la Transición del franquismo a la democracia liberal del 78 es que los contextos de apertura democrática en el conjunto del Estado español son los más propicios para la articulación del cantabrismo político y el desarrollo de las ideas favorables a nuestro autogobierno y su concreción institucional, así como para el fortalecimiento de nuestra identidad colectiva y diferenciada”, asegura Martínez Romano.

Mientras tanto, el 21 de octubre de 1978 Santander acoge la segunda manifestación por la autonomía de Cantabria, en las que unas 5.000 personas marchan desde la plaza de Numancia hasta la sede de la Diputación, a la que el senador Benito Huerta se refiere en su discurso como “un nido de fascistas a los que sólo cabe pedir que se vayan” y en cuyo mástil principal un joven socio de ADIC aficionado a la espeleología, Luis Crespo, iza la bandera blanquirroja tras lanzar una cuerda y acceder al balcón. En aquel mástil ondea la enseña en solitario durante unos días, hasta que es retirada por orden del presidente de la Diputación, Leandro Valle. “Para mí, en aquel mismo momento la blanquirroja ya no representaba nada –para los cantabristas o para la gente de ADIC, no tenía ningún valor–, la puse en el mástil porque yo estaba deseando salir de allí y la primera que me tiraron la colgué, pero me habría gustado más izar el lábaru porque la bandera blanca y roja no representa nada más que a la oligarquía santanderina, que fue la que la impuso”, me reconocerá Crespo en una entrevista realizada tres décadas después. “La blanquirroja es una bandera que no tiene ningún sentido, sólo es la bandera marítima de Santander, la oligarquía dijo la bandera marítima de Santander porque ella estaba empeñada en que Santander –que siempre se había negado a que la provincia se llamara Provincia de Cantabria, por eso se llamó durante tanto tiempo Provincia de Santander– no perdiera su protagonismo; el lábaru tiene más base para ser la representación de Cantabria, aparte de que es mil veces más bonito”, añadirá Crespo.


Viene de: [BLOQUE 02 | ARTÍCULO 04] “A partir de ahora se hablará mucho menos de Santander o La Montaña y mucho más de Cantabria”

[TRIBUNA II] | Particularismo y regionalismo en los orígenes de la Cantabria contemporánea

[BLOQUE 01 | ARTÍCULO 03] | Un proyecto de Estado cántabro frustrado por la Guerra Civil

[TRIBUNA I] | Una vía propia en la Cantabria del final del Antiguo Régimen y la Ilustración

[BLOQUE 01 | ARTÍCULO 02] | Bajo las quimas de una vieja cajiga

[BLOQUE 01 | ARTÍCULO 01] | “El río Ebro nace en el país de los cántabros”

[PRESENTACIÓN] | “A los que en el pasado consiguieron el reconocimiento de las libertades de Cantabria y a los que luchan y lucharán en el futuro”

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